El trabajo del asesor de imagen va más allá de ocuparse del vestuario, o de decidir qué prendas les quedan bien a los clientes. Esta profesión busca potenciar la imagen personal desde el estilo, ocupación, actividades diarias y por supuesto, según la personalidad, presupuesto y objetivos de cada cliente.
De esta forma, el asesor de imagen guía al cliente a definir según su tipo de cuerpo, estatura, edad, profesión y características específicas, cómo debe vestir, peinar, maquillar, arreglar su cabello, expresar y comunicarse verbal y no verbalmente.
Estas habilidades se obtienen a través de estudios detallados en cada cliente como: el análisis del visagismo, la colorimetría, la morfología y por supuesto, según su expresión corporal.
El asesor de imagen no tiene como fin “disfrazar” a su cliente, o hacerle cambiar su gusto en el vestir. El objetivo es definir su estilo personal y adecuarlo a las diferentes situaciones y eventualidades que se presenten en su trabajo, reuniones sociales y vida cotidiana. Siempre bajo los parámetros del buen vestir, la elegancia, la armonía, la estética, y la simetría. Logrando, finalmente, aumentar la autoestima, la confianza y la seguridad del cliente.
